La Navidad siempre va acompañada de....

20:23:00





No hay celebración navideña que no vaya acompañada de un cuento que nos ilustre sobre la bondad ó generosidad que conllevan estas fechas. Os dejo con la lectura de un cuento mío inspirado en un hecho real lleno de humanidad y ternura. ¡Feliz Navidad a todos!.






La Navidad había llegado a su hora, ni más tarde ni más temprano que otros años pero los Cascos Azules de la Brigada Multinacional de la Fuerza de Naciones Unidas en Líbano no se habían dado cuenta.
Ellos que venían de los países llamados civilizados, asociaban la Navidad al frío, a la nieve, a los días de escasa luz y a los festejos comerciales donde nunca faltaba un gordo Papa Noel o un barroco Rey Mago. En aquellas tierras áridas y aburridas, como sentenció un día el sargento de la División, nada les podía hacer recordar que ya era Navidad.
Sus días se contaban por las patrullas realizadas, reuniones, sesiones de entrenamiento y alguna misión cuasi secreta que no se comentaba ni con el compañero. Días plagados de calor extremo, luz descarada y sequedad amenazante, sin un minuto de ocio que pudiera hacerles pensar en su otra vida. Los días no se llamaban lunes, martes, etc, estaban numerados del uno al siete. En un cronograma dividido en cuatro filas, había 31 días, y ellos solo sabían que el día siete, el rancho era mejor y que contaban con varias horas para sus tareas personales en las que conectaban con las familias y algunos conectaban consigo mismo.
Para el Comandante, aquella misión en Líbano no era nueva pero tampoco rutinaria. Llevaba seis meses allí, ya no pensaba en cuando le tocaba regresar. Había traspasado el punto de no retorno en el que una nebulosa se interponía entre los que había sido su pasado inmediato y lo que constituía su presente remoto. Sentía cierto desapego a todo lo que hacia poco tiempo le ataba. Aquella mañana en la que el convoy de la División se preparaba para salir, una suave brisa, algo inusual allí, le hizo intuir que aquel día pasaría algo. Temió una emboscada por lo que se prometió extremar las precauciones.
Salieron en un convoy tres jeeps de la Base “Miguel de Cervantes” antes de amanecer. Sentados unos frente a otros y parapetados tras los cascos y chalecos, guardaban silencio. Ellos estaban acostumbrados a ejecutar, no a charlar sobre lo que a uno le parece o siente. - Así no se resuelven misiones - clamaba el sargento cuando pillaba a alguno de sus hombres dando vueltas a las cosas- que aquí estamos para cumplir con un deber, no para escribir tratados de autoayuda. La dureza del paisaje se hacia sentir en el camino, en las llantas arañadas del jeep y en los saltos que pegaban hacia delante los hombres al pasar sobre los continuos agujeros de la pista arenosa y sin asfaltar que recorrían camino de Marjayoun. Allí cumplirían las órdenes: hacer acto de presencia como Cascos Azules, verificar los controles de seguridad y resolver alguna incidencia que surgiera.
El comandante tan joven y tan viejo como sus hombres iba sentado delante, en el primer jeep, al lado del conductor. Sus pupilas inquietas como siempre que salían de la base, recorrían un ángulo de 360 grados buscando elementos que merecieran dar la voz de alarma. Cuando llegaron a Marjayoun  eran las diez de la mañana y el calor les empezaba a quemar la nuca. El Comandante repartió tareas a los hombres, con ordenes precisas, secas y claras: que se desplegaran, que vigilaran puntos susceptibles de ser ocupados por franco tiradores, que se fijaran en las reuniones de mas de cuatro personas, que siguieran.....y  así una larga lista de ordenes que esperaba que se cumplieran impecablemente. Mientras tanto el se reuniría con el jefe de la aldea para estrechar las relaciones con la comunidad local. Al mediodía cuando el calor era más insoportable, después de que sus hombres se refrescaran, regresaron a la base. Habían cumplido correctamente como se esperaba de ellos.

Durante la vuelta, el Comandante se sintió algo mas relajado, tan relajado que pudo contemplar el paisaje indescriptible de aquellas tierras seguramente bíblicas. Tierras que si tuvieran voz podrían relatar historias fantásticas y hechos espeluznantes. Porque la tierra se come todo y esconde en el tiempo las vergüenzas de los hombres. Al llegar a una parte del camino, mas accidentada de lo acostumbrado, el jeep redujo la velocidad y sus hombres acusaron sobre sus espaldas el peso de todo el día.
Distraído con el paisaje, miro a la derecha y se sorprendió al verla subiendo un pequeño montículo, tan menuda, tan sucia, tan seria. Estaba sola como muchos niños que cuando hay guerra deambulan por los sitios y parajes más desnudos, buscando algo. Una niña de corta estatura, muy morena (parecía tener unos seis años como mucho), subía de espaldas a ellos. Al oír el motor de los jeep,  se volvió muy seria. Vestida con un vaquero remendado y una camiseta que en algún momento fue amarilla, se quedo inmóvil. Mientras la contemplaba absorto, pensó en su hija mayor que en algún momento tuvo esa edad. Pero ella nunca estuvo tan sucia, tan falta de amparo como la criatura que estaba delante de el. Instintivamente dio un manotazo en la pierna del conductor y le ordeno que parase. El frenazo arrojó a todos sus hombres hacia delante.
El Comandante lanzó un grito y con la mano le hizo señas para que se acercase. Ella con vacilación y rostro atemorizado bajó la pendiente. Mientras el metió la mano en su bolsillo y saco algo. Ante la mirada atónita del conductor y de los hombres, empezó a inflar un globo verde, verde esperanza. Este se lo había dado una marine norteamericana en una fiesta -para que un día celebres algo en estas tierras- le había dicho. Lo mantuvo oculto. Cuando la niña se había acercado suficientemente a su puerta, saco su brazo y le entregó el globo. La niña revelo que podía y sabía sonreír. Mostró un rostro feliz y todavía infantil. Sonriendo alargo la mano hacia el globo y lo sostuvo embelesada. Se dio la vuelta y subió la pendiente ensimismada mirando su magnifico globo verde.
El Convoy prosiguió la marcha. Nadie dijo nada. El Comandante permanecía callado pero tranquilo. Cuando entraron en la base, vieron que algunos hombres habían puesto una pancarta con “FELIZ NAVIDAD EN LA BASE MIGEL DE CERVANTES”. Se oyeron las voces de sorpresa de sus hombres y algunos vítores.
Entonces comprendió  el significado de su corazonada. Era Navidad y les había pasado desapercibida. De un salto salio del jeep, dio unas órdenes rápidas y se dirigió a su camareta. Ansioso encendió su móvil con nervios. Si, allí estaba el mensaje: “Feliz Navidad papa, hoy he inflado un globo por ti”. El comandante sonrió ampliamente. El si creía que en Navidad se producen milagros. El había presenciado uno aquel día.

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